1 diciembre, 2007

Tres editores se reunieron para conversar sobre la situación actual del libro y la lectura. Con postura crítica indagaron en los problemas existentes y plantearon posibilidades para que la ciudadanía vuelva a sentir que a través del libro puede desarrollarse, crecer y constituir sujetos que participen en la sociedad. Pero, y antes que eso, erradicar el imaginario negativo en torno al libro, el miedo.

En las últimas décadas se ha generado un interés por reflexionar en torno al libro y la lectura. Y en Chile, después de dictadura, también se está produciendo esta tendencia como reacción a un panorama nada alentador: deficientes niveles de crecimiento cultural no concordantes con los logros económicos alcanzados, inexistencia de IVA diferenciado y de ley de precio fijo al libro, por ejemplo. Todos ellos factores que no ayudan al fortalecimiento de la industria editorial chilena, al acceso equitativo al libro, su democratización y la diversidad cultural.

Una de esas instancias de diálogo se desarrolló el pasado miércoles 7 de noviembre en el marco de la Cátedra Roberto Bolaño- en conjunto con el Comité de Literatura del Instituto Chileno Norteamericano- con la mesa redonda editorial “ Libro, lectura y desarrollo”. En la oportunidad, Anne-Marie Métalié ( Éditions Métailié), Paulo Slachevsky (LOM Ediciones) y Matías Rivas (Ediciones Universidad Diego Portales) conversaron con el escritor Mauricio Electorat sobre esta situación, plantearon críticas, reflexiones y alternativas de mejoramiento a la escena actual.

Al comenzar, Anne-Marie, editora francesa independiente, confesó que “al ver cómo trabajan los editores de América latina me siento un poco culpable por las posibilidades que tengo de trabajar”. En Francia existe IVA diferenciado (5,5%), asociaciones con libreros y ley de precio fijo. Sobre esto último, Anne-Marie comentó que “estabiliza el sistema económico y permite una relación de aliados con los libreros, posibilitando una protección de la diversidad cultural”.

Matías Rivas, en tanto, considera que el problema va más allá del IVA- que fue una iniciativa de la dictadura- y del precio fijo, pues “el tema es que en Chile no hay lectores”, dijo y completó Paulo Slachevsky al decir que “no tenemos lectores por la importancia que le dá el Estado al libro. A partir del golpe de Estado éste se transformó en un elemento peligroso”. Para Slachevsky se ha perdido el imaginario positivo en torno al libro que existió, por ejemplo, desde el comienzo de la república o durante la Unidad Popular con la editorial Quimantú. Y prevalece otra sensación, mucho más negativa: el miedo .

Esta idea del miedo fue unida con la del “poco aprecio que se tiene a los libros de la gente poderosa, tanto del gobierno como de las grandes empresas privadas”- como mencionó Rivas-, como así también se enlazó con el tema de las políticas públicas, la democratización, el precio único y múltiples aristas que tocan el escenario del libro y la lectura en nuestro país hoy: “existen políticas que discriminan, recursos limitados, no hay un Estado que pueda transformar el país ni verdadera democracia. Esta voluntad de no tocar el sistema como si se fuera a desarmar está motivada por el miedo. No la defienden en sí, la defienden por el miedo”, comentó el editor de LOM.

Los tres invitados, si bien coincidieron en la visión de miedo y negatividad que vincula al libro, también consideraron que el panorama chileno va mejorando poco a poco, y que uno de los actores comprometidos son los mismos editores. Un ejemplo, no se puede obviar el hecho no menor de tener una política del libro y la lectura vigente desde el 2006, que fue propuesta e impulsada por la asociación “Editores de Chile”- que reúne más de 42 editoriales independientes -.

Que el compromiso le gane a la indiferencia es fundamental para erradicar la negatividad e impulsar una visión respecto al tema que tenga como eje la participación, crecimiento y conocimiento de la sociedad, pues, como dijo Paulo Slachevsky, “lo que debe primar es la preocupación y mirada social del libro, que éste tiene que estar al centro de la educación y volver a vincularlo con los que tienen menos acceso”.