5 septiembre, 2007

La concurrida conferencia que dio inicio a la Cátedra Roberto Bolaño estuvo a cargo del escritor argentino Ricardo Piglia. Bajo el título “El escritor como lector”, el autor se paseó por la historia argentina, Borges, Kafka, Parra y, centralmente, por Gombrowicz para indagar en los rastros de lectura en la obra de los escritores.

El pasado miércoles 4 de julio se dio cita a la primera conferencia oficiada en el marco de la Cátedra Roberto Bolaño. El invitado fue el escritor argentino Roberto Piglia que expuso, ante un centenar de concurrentes, parte de su texto “El escritor como lector” y reflexionó sobre la aventura de leer.

En la oportunidad, Piglia contó anécdotas con Bolaño y se detuvo en lo que él consideraba el leitmotiv de la Cátedra al decir que “los escritores sí pueden decir algo sobre su relación con la literatura”, para luego centrarse en el tema de su conferencia que versaba sobre los actos de lectura. Para ello se valió, principalmente, de anécdotas que giraban en torno a la figura del escritor Polaco que residió en Buenos Aires, Witold Gombrovicz, e hizo múltiples guiños a la historia del país trasandino, como también a Parra, Borges, Kafka, Joyce, Sartre y Deleuze, entre otros.

Pero, ¿ cuál es la relación entre Gombrovicz y Bolaño? Para Piglia sus miradas se unen, es decir, la mirada como “el modo en que un escritor lee, mira el mundo y a los demás. Entonces podemos hablar de la mirada de Bolaño y de la mirada de Gombrowicz como un movimiento que está, en cierto sentido, en sincronía”, declaró el autor. Pero su ponencia trascendió más allá de Gombrowicz y Bolaño -un gran lector- , para reflexionar agudamente en el acto mismo de la lectura con su poder transformador y constructor de sentidos.

Ricardo Piglia dio inicio a una serie de conferencias dictadas por diferentes invitados a la Cátedra Roberto Bolaño , que se llevarán a cabo durante 2007 y 2008.

A continuación se presenta la introducción a esta conferencia. El texto “El escritor como lector” , en tanto, será publicado en la revista Dossier, de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales.

Introducción a conferencia “El escritor como lector”

“Me parece que un escritor no puede hablar de su propia obra. Cuando se dice que los escritores tienen dificultad para hablar de literatura es porque existe una dificultad para decir algo sobre lo que uno ha escrito. Pero los escritores sí pueden decir algo sobre su relación con la literatura y creo ese es el sentido que tiene la Cátedra Bolaño. En ese punto me gustaría recordar a Roberto Bolaño- con el que tuve diálogos muy intensos y divertidos- y señalar que el título de esta conversación, “El escritor como lector”, también podría ser un modo de definir la perspectiva y la obra de Bolaño.

El tema elegido, ligado a ciertas experiencias del escritor polaco Witold Gombrowicz, me parece que también hubiera alegrado a Bolaño. Alguna vez dijo –con su ironía y sarcasmo tan productivo- que si en lugar de haberme ocupado tanto de Roberto Arlt me hubiera ocupado de Gombrowicz las cosas hubieran sido distintas. Y yo siempre le pregunté: “pero, ¿qué cosas hubieran sido distintas?”. Entonces, tratando de modificar un poco la posibilidad de algunas de esas cosas diferentes, he pensado que es muy pertinente hablar de Gombrowicz para recordar a Bolaño. Me parece que hay una relación entre la mirada de Gombrowicz y la mirada de Bolaño.

Lo que llamamos aquí “la mirada” de un escritor es la poética de un escritor: el modo en que un escritor lee, mira el mundo y a los demás. Entonces podemos hablar de la mirada de Bolaño y de la mirada de Gombrowicz como un movimiento que está, en cierto sentido, en sincronía.

He pensado leer unas páginas de un proyecto en marcha que está ligado a esta idea del escritor como lector, que en realidad es como una derivación de cierto tipo de textos que he escrito sobre la figura del lector. Pero en este caso se trataba, más bien, de ver o de pensar en algunas escenas de lectura, donde hubiera escritores. Entonces tengo algunas escenas de escritores leyendo en mi memoria. Por ejemplo, una es de Borges, que lee por primera vez La Divina comedia en el tranvía 12 y que recorre la ciudad de Buenos Aires desde Palermo –donde él vive- a la Biblioteca Municipal donde trabaja en una época muy triste de su vida. Va con dos tomos muy pequeños de La Divina comedia y uno puede imaginarlo, ver esa escena, ese tranvía con Borges que va leyendo por primera vez La Divina comedia. Uno de los grandes acontecimientos de su vida, seguramente.

Después una escena de Chéjov que siempre me pareció extraordinaria. Cuando Chéjov lee La guerra y la paz dice: “Lee uno con tal curiosidad este libro, y con tan inocente asombro, que parece que nunca hubiera leído nada antes”. Pero luego de anotar eso, Chéjov dice algo maravilloso: “si yo hubiera estado junto al Príncipe Andrei, le habría curado”. Como era médico él ve la escena de la muerte del Príncipe Andrei, en La guerra y la paz, y lo primero que piensa es ‘bueno, tiene una enfermedad, una herida que yo hubiera sido capaz de curar, porque en esa época la medicina no tenía los elementos necesarios’.

Y quizás yo podría contar una escena autobiográfica. Recuerdo –no es mi primer recuerdo, porque mi primer recuerdo es un recuerdo con mi abuelo, mi abuelo paterno, que muere cuando yo tengo cuatro años; o sea que este es un recuerdo siguiente, probablemente yo tengo un poco más de cuatro años- que habitualmente veía a mi padre leer. Un día tomé un libro de su biblioteca y me senté en el umbral, en la puerta de mi casa en Adrogué. Nosotros vivíamos en una calle muy tranquila que estaba muy cerca de la estación de ferrocarril, pero cada media hora, más o menos, cuando llegaban los trenes del centro había un pasaje de gente que cruzaba por ahí, que salía de la estación. Entonces yo me senté para que me vieran leer. Y por supuesto no sabía leer. Me senté ahí para para que la gente que pasaba cuando salía del tren me viera a mí leyendo, tal como yo había visto a mi padre. De pronto hubo una sombra que bajó y alguien me dijo que tenía el libro al revés. Entonces creo que ahí está todo lo que he hecho luego: he leído los libros al revés y siempre ha habido alguien que me ha dicho que esos libros estaban al revés. A veces pienso que, quizás y ojalá, Borges era el que pasaba por ahí. Porque Borges andaba por esa zona, en esos años.

Lo que quiero decir es que siempre hay rastros de lectura en la obra de un escritor. Y en la obra de Bolaño la presencia de sus lecturas ficcionalizadas en sus textos hacen de él uno de los escritores más importantes en cualquier lengua: el modo en que ha sabido transformar la aventura de la lectura, muchas veces, en intrigas, en persecuciones, en búsquedas”.